EN BUSCA DE LO QUE NOS UNE Y NOS HACE HERMANOS: CRISTO

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¡Me gustaría amar como Él me ama!

domingo, 6 de junio de 2010

SOLEMNIDAD CORPUS CHRISTI..."DADLES VOSOTROS DE COMER"


    La Palabra de este Domingo proclama la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y la Santísima Sangre de Jesucristo.


En la Primera Lectura se nos anuncia ya la victoria de DIOS sobre los enemigos del hombre, y se vislumbra la colaboración del sacerdote en la ofrenda y la alabanza a Dios con el pan y el vino.
  La Segunda Lectura resalta la consagración de este Pan y Vino convertidos en Sacramento Eucarístico, gracias a la pasión y muerte de Jesucristo, insistiendo el apóstol San Pablo en su valor memorial real que heredó de la tradición de los primeros apóstoles testigos, cuando el propio Jesús pronunció las palabras de consagración de su Cuerpo y Sangre, todo para celebrar la Redención del Mundo, como nos anuncia la antífona del Aleluya (Jn. 6, 51-52)
El Santo Evangelio de San Lucas, Jesús sacia a sus seguidores de alimento espiritual y material, con esa multiplicación de panes y peces, que es un claro signo también de la Eucaristía.

                Meditando,  la Palabra me asegura hoy que DIOS nos ha dado la victoria ante los enemigos y la muerte, si le hacemos caso y comemos el Pan del Cielo que es su propio Cuerpo y su propia Sangre sacramentados, y si  dejamos que Jesucristo viva en nosotros y le imitamos.
Hoy, la Palabra me promete la Vida Eterna, gracias a la Eucaristía, y a través de los sacerdotes, y me asegura que el Sumo Sacerdote instaurador de la misma es el propio Jesucristo delante de sus apóstoles, para que en adelante ellos le imitaran.
Por lo tanto, la Palabra de hoy aumenta mi fe y mi certeza ante el testimonio del propio Dios dando su vida por nosotros. En el Pan y el Vino consagrados está la vida de Jesús Resucitado, la vida del propio Dios esperando que nos dejemos alimentar y habitar por Él, con Él y en Él.

¡¡¡Gracias infinitas, Dios Todopoderoso y conmocionado, por regalarnos a tu Hijo Redentor en la Eucaristía y darnos, como puente intercesor entre el Cielo y la Tierra, a los sacerdotes, que con la divina presencia y Gracia del Espíritu Santo hacen presentes el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo en el Sagrado Sacramento del Altar!!!
Cada misa me anima a vivir mi propia pasión, muerte y resurrección en Jesús, y Tu Alimento bajado del Cielo, me da la convicción plena de que quieres habitar y vivir en mí para hacerme plenamente humana y feliz, todo por tu AMOR y en tu AMOR.
El hambre del espíritu y el deseo insaciable de mi corazón sólo puedes saciarlo TÚ, Dios mío, haciéndote mi alimento en la Eucaristía. Por eso, ¡gracias infinitas por la Iglesia y los sacerdotes que me traen cada día lo que verdaderamente necesito: a Jesucristo entre nosotros.
Habiendo probado ya todos los manjares caducos del mundo, nada en mi vida como tu Cuerpo y Sangre sacramentados en la Eucaristía, Señor del AMOR.

                Me propongo vivir contemplando la acción eucarística en cada situación que se me presente. Le ofrezco mi vida a Jesucristo para que habitando Él en mí, yo pueda servirle de instrumento para adorarle en este Sagrado Misterio Trinitario, mediante la oración, el testimonio y las obras, haciéndome con Él y en Él una eucaristía permanente.
Quiero dar a conocerte este Alimento del Cielo, el único vital para nuestro espíritu, a los hermanos y hermanas que no tienen  Fe y viven todavía en la oscuridad  hambrientos en su espíritu sin saberlo.
Quiero dejarme transformar plenamente por este alimento que da la vida eterna, y vivir en consecuencia la vocación a la que he sido llamada, haciendo siempre lo que Jesús me dice y confiando plenamente en su Sacramento y sus sacerdotes.