EN BUSCA DE LO QUE NOS UNE Y NOS HACE HERMANOS: CRISTO

EN BUSCA DE LO QUE NOS UNE Y NOS HACE HERMANOS: CRISTO
¡Me gustaría amar como Él me ama!

miércoles, 31 de marzo de 2010

FRANCISCANOS SEGLARES: HOMBRES Y MUJERES DE ORACIÓN. (ENCUENTRO DE FORMACIÓN. ESTEPA 2010).



Queridos hermanos y hermanas:

Decidida como estoy a ser “evangelio viviente” en fraternidad, quiero compartiros los apuntes que pude tomar en el fructífero curso de Estepa y contextualizaros un poco el encuentro, desde mi experiencia personal...

(...Que el Espíritu Santo me acompañe en este viaje y me dé el don necesario para describiros la Gracia que viví en comunión fraterna durante este curso de formación, AMÉN).

La aventura en busca de nuestro tesoro escondido comenzó con la celebración del rezo litúrgico de Laudes, en comunión fraterna, seguido de la EUCARISTÍA, convirtiéndose el propio CRISTO sacramentado en nuestro eje-conductor y maestro durante todo el encuentro y haciendo presente así el SUMO BIEN de nuestras vidas y por el que nuestros seráficos padres, Francisco y Clara, lo dejaron absolutamente todo!

Alimentados con el Pan de vida y llenados del Amor de Dios , pudimos recibir la primera charla inspirada por nuestro hermano, Fray Alfonso Ramírez, que tituló La oración y Francisco:

...¿Me acompañáis?:

LA ORACIÓN Y FRANCISCO:

Para nuestro seráfico padre Francisco, la oración significa un encuentro vivo y palpable con DIOS, a través de la escucha de su Palabra y el ayuno del YO, para llenarse definitivamente de la Gracia del Espíritu Santo y así entablar una amistad profunda con JESÚS. Este encuentro le supone un viaje sin descanso hacia la conversión y transformación de su vida en CRISTO. Francisco creía que el que oraba ya se estaba convirtiendo. Y lo que descubre de este encuentro con DIOS, es que la oración está ligada a la vida, en acción caritativa y dimensión fraterna; por tanto, Francisco enmarca a la oración en comunión con la vida en fraternidad, y establece un orden prioritario: CRISTO tiene que ser su oración para ser después su acción, por tanto, primero tiene que dejarse vaciar por Él para ser llenado de Él. (Por tanto, es DIOS el primero que sale al encuentro de Francisco y ora en él mediante el Espíritu Santo que le pone en comunión fraterna con DIOS y luego con sus hermanos y hermanas). Francisco descubre la dimensión práctica de la oración, siguiendo el camino y la acción que JESÚS le brinda según los dones recibidos, y que pone al servicio de su comunidad fraterna. Siempre este poner en práctica los frutos de la oración en la vida cotidiana será característica esencial de su espiritualidad. Para orar Francisco se encontraba con la presencia Trinitaria de DIOS (rezaba tanto al Padre, como al Hijo, como al Espíritu Santo)... Y desde esta presencia del amor de DIOS descubre que tiene que rezar en familia, por ser DIOS una familia también...(ver cap. 23 de la Relga no bulada). Los instrumentos que empleaba eran: la liturgia oficial de la iglesia de su época, las enseñanzas prácticas de Jesús en los Evangelios, la celebración de la Eucaristía y la oración popular y sus vivencias personales. Su forma de orar tenía un triple sentido: contemplativo, pobre y penitente, que siempre agradecía al amor gratuito de DIOS: La contemplación le llevaba de la interiorización y vivencia de Cristo, mediante la Eucaristía, a la exteriorización en su obrar, mediatizado por la Gracia del Espíritu Santo recibido. Y le permitía ver a DIOS desde la gratuidad, sintiéndose fiel servidor y colaborador de Jesucristo y ofreciendo por ello su vida a la fraternidad. Así, siempre se posicionaba antes de orar haciéndose esta pregunta: ¿Quién eres TÚ, SEÑOR, y quién soy yo?, para no quitarle nunca el puesto a DIOS. Además, Francisco consigue salir de la dictadura del tiempo para vivir en oración perpetua sin descanso y gozar de la presencia de DIOS vivo siempre. DIOS es el absoluto dueño de su vida, no el tiempo. La penitencia le demuestra la misericordia de DIOS ante su naturaleza pecadora y descubre que tiene que recibir su Gracia para poder hacer cualquier cosa buena. La pobreza le lleva a cumplir el mandamiento perfecto de amar a sus hermanos, ayunando de sí mismo, recibiéndolo todo de DIOS, y entregándose como Él, con esa conciencia plena de su nada y viviendo la síntesis del AMOR de la hermana Clara: “DIOS mío y todas mis cosas”.


Después de este recorrido por la vivencia de la Oración en Francisco, nos surgió la pregunta de la utilidad de la ORACIÓN en sí misma. ¿Para qué sirve la oración?

Y descubrimos que la Oración se justifica por sí misma, y es como respirar, es la esencia de la vida y la presencia de DIOS en la Tierra, pero, como humanos que somos, muchas veces necesitamos parcelar nuestra realidad y dar una utilidad concreta a esa esencia misma de la vida de DIOS en nosotros...y, por ello, muchas veces oramos desde la actitud penitente, agradecida, demandante, amorosa,etc., al igual que hacía Francisco; pero también, como Francisco, deberíamos aprender a cultivar la vivencia de la oración como esencia misma de nuestra vida, para conseguir estar con DIOS sin separarnos de DIOS mismo y para salir de esa dictadura del tiempo en la que vivimos.

¿Cómo convertirnos en hombres y mujeres de oración desde nuestra posición en el mundo?
Tenemos muchas respuestas en los siguientes libros:

Nosotros, gente común y corriente, DELBRÊL, MADELEINE, Lumen Humanitas, 2008.
Hombres y mujeres de oración, ELÍAS YANES ÁLVAREZ, San Pablo.



¿Qué tal ha ido ese viaje acompañando a nuestro Francisco orante?

Espero haberos puesto en situación, hermanos y hermanas, y, sobre todo, que os hayan entrado ganas de practicar la oración desde esta dimensión contemplativa incesantemente...

...Después de la charla tan fructífera descansamos un poco y nos separamos por grupos para pasar a la acción y realizar un taller sobre “La Fraternidad Franciscana Seglar como Plataforma Evangelizadora”:

NUESTRAS FRATERNIDADES: PLATAFORMAS EVANGELIZADORAS:

Comenzamos el taller con las palabras que Benedicto XVI dirigió a la familia franciscana para seguir reparando la iglesia, y que transcribo a continuación:


Que todo hermano y toda hermana custodie siempre un alma contemplativa, sencilla y alegre: volved a partir siempre de Cristo, como Francisco partió de la mirada del Crucificado de San Damián y del encuentro con el leproso, para ver el rostro de Cristo en los hermanos que sufren y llevar a todos su paz. Sed testigos de la “belleza” de DIOS, que Francisco supo cantar contemplando las maravillas de la creación, y que le hizo exclamar dirigiéndose al Altísimo: “¡Tú eres la belleza!”
Queridísimos, la última palabra que quiero dejaros es la misma que Jesús resucitado entregó a sus discípulos: “¡Id!”. Id y seguid “reparando la casa” del Señor Jesucristo, su Iglesia



...Y con este ánimo, dispuestos a salir al mundo y anunciar la llegada del Amor, la Alegría y la Paz, comenzamos haciendo una evaluación del estado en el que se encontraba nuestra fraternidad concreta...Después, realizamos una dinámica sobre nuestra misión como franciscanos seglares en el mundo, y debatimos si realmente llegaba la misión al mundo y si éramos plataformas evangelizadoras para el mundo, y pusimos en común la realidad que estábamos viviendo y la planteamos formas de cambiar lo que estábamos haciendo mal, proponiendo, al fin, cinco claves de actuación futura con actividades concretas y realizables, que cuando se aprueben y se pongan en común con el resto de la fraternidad, podremos conocer.

...Por la tarde, conducidos nuevamente por la Gracia del Espíritu Santo, recibimos de nuestra hermana Esther M. Rebollo, la charla sobre Un tesoro escondido: el artículo 8 de nuestra regla:

UN TESORO ESCONDIDO: EL ARTÍCULO 8 DE NUESTRA REGLA:

...Los hermanos cultiven el trato filial con DIOS y hagan de la oración y de la contemplación el alma del propio ser y del propio obrar(...)

Vemos claramente que este artículo nos exhorta a practicar este tesoro escondido que es la oración ya que sin ella no puede haber fe y si no oramos no somos.

El Señor nos quiere en el mundo ALEGRES, ORANTES Y AGRADECIDOS, y quiere que recibamos todo su AMOR.

Una actitud muy importante que tenemos que tener a la hora de orar es la de ser “huéspedes del Espíritu Santo”, que hace comunión de AMOR en nosotros y así ora por nosotros al Padre.
La vida de todo franciscano seglar y de todo cristiano consiste en orar incesantemente, inundado por el Espíritu Santo, para practicar el Bien con su Gracia y esperar los frutos de la fe, la Esperanza y el Amor. Nada podremos hacer sin la Gracia del Espíritu Santo, por eso debemos ser sus huéspedes y dejarle entrar en nosotros, aunque haya mucho ruido en nuestro interior, tenemos que intentarlo.

Aprender a hacer de la vida una oración de alabanza perpetua y agradecimiento a DIOS es nuestro cometido y tenemos que practicarlo desde dentro hacia fuera, con el Espíritu Santo guiándonos, porque sin Él nada podremos hacer por nuestra cuenta.

Un buen ejercicio para aprender a orar es contemplar en el Evangelio los pasajes en los que Jesús ora al Padre e intentar imitarle...

(Javier Garrido, en su libro El camino de Jesús, nos lo explica muy bien).

En la vida de Jesús, no hay separación entre acción y oración porque al estar en presencia del Padre perpetuamente, ambas se identifican; y esto es lo que tenemos que conseguir!

No nos olvidemos tampoco de mirar el ejemplo de María: una vida hecha oración que aprendió a hacerse menor y esclava sin entender, sólo guiada por la Fe, y consiguió cumplir la voluntad del Padre gracias a su relación de oración perpetua con Él.

Y como no podía ser de otro modo para que esta charla diera su fruto y nos sintiéramos verdaderos huéspedes del Espíritu Santo, nuestra hermana Esther nos regaló a cada uno de los asistentes un trocito del “tesoro escondido”, para que empezáramos a practicar la oración con Él...Y...el Verbo se hizo carne y habitó en nosotros...

...Cogimos nuestro trocito de tesoro (un extracto del Evangelio único y diferente para cada uno de nosotros, y buscamos lugar y tiempo de oración en soledad para poner en práctica todo lo que habíamos recibido y después obrar con ello...

...Me gustaría compartir con vosotros el tesoro escondido que me tocó contemplar: Mt 23, 8:

Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar “Señor mío”, pues vuestro maestro es uno solo y vosotros todos sois hermanos

...Y ante Él, descubrí que sólo Jesús es mi maestro y que no debo permitir que me traten nunca como maestra de nada, y que la fraternidad es mi vocación en la vida, y la vocación de todo el que quiera seguir a Jesús, y más cuando la manera de hacerlo es seguir las huellas que nos dejó Francisco...Y por eso, muy agradecida, sentí la Gracia del Espíritu Santo en mí, y le pedí al Padre y único Maestro, que me enseñara a hacerme pequeña y hermana, y que me diera la Gracia de beber siempre del manantial de su Palabra y participar así en la vida fraterna de Jesús...
Las conclusiones que saqué para ponerlas en práctica en mi vida seglar fueron las siguientes:


No ocupar jamás el puesto de DIOS, mi único maestro.
Reconocer que CRISTO es mi único maestro.
Tratar a todas las personas que me encuentre hermanos y hermanas y vivir en fraternidad.
Sería muy bonito que hiciéramos diariamente esta práctica de contemplación del Evangelio para llevarla luego a nuestra circunstancia personal y ver quiénes somos y quién es DIOS en nuestra vida, como hacía Francisco posicionándose constantemente ante el Señor y conociéndose a sí mismo para poder saber lo que DIOS quería de Él y saber si estaba dando respuesta.

...El paréntesis de mi encuentro personal con el Evangelio terminó y continúo pues con mi exposición, que ya pronto concluirá...


Como culmen de nuestro curso de formación para aprender a orar como Jesús, siguiendo las huellas de nuestro padre Francisco, no podíamos olvidar las huellas de nuestra madre Clara, que nos enseña, mediante la “teología del espejo”, el rostro múltiple de Jesús, contemplando y orando incesantemente en Él...Y esta fue la última charla que nos ofreció el hermano Pablo Millán mostrándonos el corazón contemplativo de CLARA y enseñarnos a realizar una lectura orante de la Palabra y comenzar un proyecto personal con nosotros mismos contemplando el rostro que Jesús nos muestra a cada uno de nosotros:

SANTA CLARA Y EL ROSTRO DE JESÚS:

Clara tiene una intención clarísima en su vida: “quiere ser como Jesús”, y esta vocación le hace identificarse con Él plenamente y mirarse en el espejo de su Vida, frecuentando asiduamente la lectura del Evangelio, hasta tal extremo de querer imitarlo en todo, desde su condición de dama pobre y escondida como María.

En este espejo que es “Jesucristo contemplado en la Palabra” Clara descubre 5 rostros:

1º. El esposo: en él encuentra la identificación plena con el AMOR, y ve al que ama hasta el punto de renunciar y querer dejarlo todo por Él. (Esto lo podemos descubrir en la 2ª carta que le manda a Inés de Praga).

2º. El hermano: descubre el rostro humano de Jesús y su rostro más doloroso. (3ª carta a Inés de Praga).

3º. El hijo: siente un amor y dolor de madre, identificado y unido al de la Virgen, por su Hijo entregado para dar su vida por nosotros.

4º. El profeta: este rostro alumbra su personalidad activa que transforma las vidas de quienes le miran así. (4ª carta a Inés de Praga).

5º. Pasión y rostro de la Gloria de DIOS: contempla la Pasión, muerte y Resurrección de Jesús y así llega a alabar la Gloria de DIOS.

Con estos cinco rostros que nuestra madre Clara encuentra en su lectura orante de la Palabra, podemos descubrir que, al igual que Francisco, Clara se identifica con un DIOS palpable y que desarrolla los afectos, y por eso quiere vivir de esta manera...
Trasladando la experiencia contemplativa de Clara en nuestra vida como franciscanos seglares, tenemos que aprender a encontrar estos diferentes rostros de Jesús y así hacernos esposos/as, madres, hijos, profetas y contempladores de su Gloria, para imitar a Jesús en nuestro obrar, hasta en su Pasión, según los dones y las vocaciones que nos dé.

En nuestra misión específica, no olvidarnos de nuestra actitud de profetas obedientes a la Iglesia, como nos enseñó nuestra madre Clara cuando anunció que “esta iglesia hay que quererla aunque no se pueda”.

Y para aprender a quedar transformados ante la mirada y los rostros de Jesús, también, como Clara, tenemos que aprender a sumergirnos en su Gloria como “niños en los brazos de su madre”, y leer la Palabra de manera que nos “hiera” profundamente, dejando sus huellas en nuestras vidas.

Debemos conocernos profundamente a nosotros mismos para seguir a Jesús, y conocer nuestras propias limitaciones para darle nuestra respuesta eficaz.

Hacernos siempre esta pregunta: ¿Yo, como Clara, quiero seguir a Jesús?
Si respondemos sí tenemos que empezar a reconocer nuestras impurezas, ponerlas ante el altar, vaciarnos de nosotros mismos y dejar a Jesús entrar, mediante la lectura orante de la Palabra.

Para realizar este primer paso y conocernos a nosotros mismos necesitamos:

1.Silencio (como los retiros que hacía Jesús).

2.Soledad (retiro personal con uno mismo).

3.Reconocimiento de nuestras limitaciones y posibilidades (experimentando así la sanación que Jesús hace en nuestro interior, dándonos esa luz que nos regala para llevarla al mundo).

4.Orar con la Palabra:

- Hacer primero la lectio (mirar y observar qué significa la Palabra).
- Pasar después a la meditatio (considerando la Palabra observada desde nuestra reflexión personal).
- Y llegar al fin a la actio (para imitar y querer vivir la Palabra meditada en nuestra vida de seglares).

Todo ello con una actitud de amor y misericordia con uno mismo, y no sólo con el hermano, porque primero tenemos que empezar por nuestro yo.

(Para despertar esta misericordia en nosotros, tan necesaria, se recomienda leer. Ni santo ni mediocre, de Javier Garrido).


Y ya para concluir nuestro viaje por las vidas orantes de nuestros queridos padres, Francisco y Clara, recordaremos que, si la vocación de Francisco consistió en un levantar cabeza desde su desposesión del propio yo hasta Cristo, en su viaje de conversión...la vocación de Clara fue un identificación perfecta con María y un conocimiento profundo de Jesús y de sí misma para amarlo sin cesar y contemplarlo por amor, como a un Esposo, sobre todo.

Y, ambos, Clara y Francisco, Francisco y Clara, vieron al sumo Bien en la Eucaristía y lo dejaron todo por Él y descubrieron que nadie podría separarles del AMOR de DIOS.


Queridos hermanos, y hermanas, hasta aquí ha llegado mi intento de transmitiros todo lo recibido en el encuentro, pero sé que me dejo muchísimas cosas...Espero haberos acercado un poquito el ambiente y, sobre todo le pido al Padre que, como hermanos y hermanas franciscanas seglares, sepamos trasladar la vida de Jesús a nuestra circunstancia personal y obremos, en consecuencia, con la ayuda y la Gracia del Espíritu Santo, orando siempre en nuestro interior, y que, como Francisco y Clara, pongamos empeño cada día en nuestro proyecto personal de crecimiento contemplativo y aprendamos a orar incesantemente como ellos consiguieron, por la Gracia de nuestro Señor Jesucristo, para el bien de todos los hermanos y hermanas del mundo, AMÉN.

Sigamos siempre reparando nuestra iglesia, llenos de Oración fraterna.

Que Dios nos bendiga a todos y nos muestre siempre su Rostro.

Hasta pronto, hermanos y hermanas.

Violeta Navarro...Fraternidad de Jesús de Medinaceli.














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